Las empresas familiares donde trabaja casi que hasta el perro tienen sus ventajas para sus dueños, claro está, pero para los demás trabajadores que no tienen relación consanguínea con el dueño, suele ser un poco incómodo en algunas ocasiones.
Primero, el OBVIO favoritismo. Los familiares siempre ganarán más que tú, siempre podrán irse o llegar a la hora que les dé la gana (a pesar de que tienen horario que cumplir, pero si faltan no les dirán nada, o si lo hacen, será en privado, a diferencia de algunas empresas que te regañan en frente de todo el mundo).
Segundo, todos se creen tu jefe. Como el hecho de ser una empresa familiar, hay más horizontalidad y todos los relacionados al jefe creen que son el tuyo. Todos te exigen algo y quieren mandar. Esto, además de generar confusión, crea fallas de comunicación, enredos y fallas en la línea de mando en el trabajo.
Tercero, ¿a quién no le gusta hablar un poquito mal de su jefe o del lugar en el que trabaja? Si entre tu grupo cercano de trabajo está, por ejemplo, la hermana del dueño, no puedes estar hablando mal de nadie porque – ni que hubiésemos nacido ayer – ésta saldrá corriendo a chismearle a su hermanito todo lo que escuchó y este hecho puede traer sanciones para los pobres trabajadores.
Cuarto, nunca podrás ascender. Quizás un poquito, pero por supuesto que los mejores puestos están reservados para la familia cercana. En una empresa familiar siempre te verás limitado a crecer profesionalmente y tener un buen puesto gerencial.
No le veo nada malo el fundar una empresa familiar, de hecho, para la familia es excelente, pero si eres un siemple empleadito que trabaja en una de ellas, eventualmente, si quieres avanzar en tu carrera, lo mejar será probar otros horizontes.
