Desde el blanco puro hasta el oscuro negro, la gama del arcoiris nos pertenece a todos. El azul, el rojo, el amarillo, el morado… el mundo está repleto de ellos, sin discriminación alguna.
Desde que el mundo es mundo, los colores han sido tomados en representación de ideologías, causas, movimientos, pensamientos, partidos políticos, etc. Los colores han se usan en nuestras banderas, para, de una forma u otra, identificarnos y distinguirnos del otro.
Pareciera que a veces nos quitan los colores, como si al ponernos una camisa azul o una roja estamos de uno u otro bando. Es de saber común que el actual Presidente venezolano desde que está en el poder, se ha apoderado del rojo. Una de sus consignas es que la revolución es “roja, rojita”. Sin embargo, los colores no son de él, ni de su movimiento, ni de cualquier otra persona. Los colores son de todos.
El pasado jueves 7 de junio, los estudiantes universitarios en contra del cierre a RCTV entraron todos a la Asamblea Nacional con camisas rojas. No porque se identificaran con el movimiento gubernamental, sino porque querían demostrar que es posible otorgar un discurso, sin importar la tendencia política, económica, ideológica, con una franela de cualquier color.
A veces pareciera que los colores fuesen una máscara, sin embargo, debajo de toda la ropa, todos somos color piel: unas más claras y otras más oscuras, pero todos color piel, todos seres humanos, todos habitantes del mismo planeta, todos dependientes del mismo aire.
Los colores son de todos. Debemos dejar el miedo de pensar: “si voy para mi trabajo con una camisa roja… ¿pensarán que soy chavista?” o “si camino por las calles vestida toda de negro, ¿creerán que soy escuálida?”. No dejemos que nos quiten los colores, el mundo está lleno de ellos. Tengamos una vida colorida. No todo es blanco y negro o rojo y azul, entre ellos existe una infinidad de tonalidades que nos pertenecen a todos en la Tierra.