Category: Reportajes para la Univ


Existe escasez de médicos y enfermeras
Regulación de clínicas podría no generar soluciones efectivas
Las aseguradoras perderán una importante cartera de clientes, puesto que serán eliminadas las pólizas colectivas a personas que trabajen en organismos públicos

Aimée C, Bourrillon Silva

El mandatario nacional, Hugo Chávez, anunció en su programa radial número 283 que se regularán los precios de las clínicas privadas. Una vez que la medida salga en Gaceta Oficial, centro de salud que no cumpla será cerrado y expropiado.

Médicos, dueños de clínicas, aseguradoras y pacientes, serán los afectados directos de la nueva reglamentación que anunció el Presidente. La ordenación de montos en centros de salud privados, más que una solución, podría ser una alternativa temporal generadora de otros problemas. En principio, los principales beneficiados serían las compañías de seguro y en cierta forma los pacientes. View full article »

La presión arterial tiende a aumentar 7% cada año
La hipertensión podría convertir el país en discapacitado
Casi siempre los factores sociales y culturales influencian la tendencia de ciertas enfermedades a manifestarse y desarrollarse en los individuos

Ermelinda Maglione

Según estadísticas del Ministerio del Poder Popular para la Salud y Bienestar Social, entre 2000 y 2005 hubo un promedio de 4.250 casos de muerte por enfermedades hipertensivas, cifras que colocan a este padecimiento como la décimo quinta causa de mortalidad en Venezuela.

Un estudio realizado por Rocío Oropeza y María Torte en la Universidad Central de Venezuela demostró que existe una relación entre el estrato socioeconómico y la hipertensión arterial. En los hogares más pobres existen problemas alimenticios, que, a su vez traen como consecuencia estrés y otras complicaciones como las que se pueden dar en la presión de las arterias.

Si la hipertensión no se controla o previene a temprana edad, cada año habrá más casos de muerte por enfermedades relacionadas a la tensión alta, y unido a todos los problemas del entorno del individuo, ¿serán las sociedad futuras más enfermas y por lo tanto una carga para el Estado? View full article »

El secuestro mueve millones diariamente

No existe tratamiento para el negocio del siglo

Dos historias revelan las experiencias de dos personas que fueron obligadas a someterse a la voluntad de antisociales con el fin de realizar acciones ilegales. Los nombres de las víctimas han sido cambiados para preservar su integridad

La ciencia y la tecnología han avanzado de tal manera que se puede tratar básicamente cualquier enfermedad. Existen medicamentos, procedimientos, hasta la esperanza, pero, ¿se podría decir lo mismo al referirse a uno de los peores males que vive como un virus dentro de la sociedad, se alimenta de ella misma y se propaga poco a poco de manera exponencial?

El secuestro es hoy en día uno de los negocios más lucrativos en el mundo. Diariamente, en todo el planeta, se mueven considerables cantidades de dinero para rescatar a aquellos seres queridos que han sido raptados. El acto de secuestrar consiste en privar de libertad, ilegalmente, a una persona o grupo de personas durante un tiempo determinado con la finalidad de conseguir a cambio un rescate u obtener créditos políticos o mediáticos, como afirma Wikipedia.

De acuerdo a cifras obtenidas por Elvira Salgado, de Monografías.com, de la antigua Policía Técnica Judicial de Venezuela, PTJ, hoy Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Cicpc, en el país hubo 38 secuestros denunciados entre 1994 y 1999. Fuentes no oficiales afirman que uno de los índices más altos en el país se observó en el año 2003 con 296 casos reportados.

Dos historias, una experiencia, once años de diferencia

“Fue en Caracas”, es lo primero que dice Ramón González al recordar el incidente que marcó su vida de tal manera en 1996, que no quiso seguir dedicándose a ser taxista independiente. “Manejaba por la avenida Nueva Granada cuando dos hombres, vestidos con uniforme militar, me pidieron que los llevara a La Hoyada”, continúa.

Ramón condujo hasta el lugar acordado, sin embargo, al llegar, los supuestos militares le apuntaron con una USI, arma de guerra, para que los llevara al barrio La Bombilla de Petare.

Ya en el barrio, a pesar de que Ramón no podía ver qué sucedía porque había sido obligado a sentarse en la parte trasera del auto con la cabeza entre las piernas, está casi seguro de que lo que hicieron fue vender el arma. “Lo único que hice durante todo el tiempo que estuve secuestrado fue rezar”, recuerda, “no pensé ni en escaparme ni en agredirlos – a los antisociales – sino encomendarme a Dios y pedir para que no me hicieran nada”.

De regreso en la Nueva Granada, al pasar por una alcabala policial, los secuestradores se pusieron nerviosos y dejaron el carro abandonado, con Ramón adentro, en mitad de la calle. Éste nunca denunció a las autoridades y, como ya le habían robado en dos ocasiones anteriores mientras se desempeñaba como taxista, no quiso seguir dedicándose a ese oficio. “Con la tercera fue suficiente”, afirma.

Once años después, Cristina Medina, de 19 años, es secuestrada mientras salía con su carro de la casa de su abuela en Caracas por un hombre de 24, el cual iba acompañado por dos menores de edad. Lo único que quería éste era hacer unas diligencias con el carro. “Fuimos al centro y luego a El Valle”, cuenta Cristina, “ahí nos bajamos y entramos a su casa donde me presentó a toda su familia e inclusive me ofrecieron un vaso de agua”.

“Hasta cargué a su bebé”, recuerda la secuestrada, “y ahí fue cuando comencé a llorar porque se hacía cada vez más tarde. Mi familia empezó a llamarme – el malandro me dejaba atender el teléfono – pero no podía decirles dónde y con quiénes estaba”.

No fue sino hasta un par de horas más tarde que el secuestrador accedió llevar a Cristina de vuelta a casa de su abuela. Le dijo que le devolvería el carro unos cuantos días después, que se llevara sus pertenencias, y que le enviaría un mensaje de texto a su teléfono celular indicándole dónde recogerlo, sólo si no denunciaba lo ocurrido.

Cristina había logrado indicarles a sus familiares, vía telefónica, dónde la dejaría el antisocial, y éstos se encargaron de llamar a la policía. Cuando el secuestrador visualizó a las autoridades, que esperaban en el lugar acordado, intentó escapar, pero no lo logró.

El secuestro en Venezuela

“El secuestro es una de las formas más lucrativas del negocio amponil”, expone Javier Gorriño, Criminólogo, “es un negocio porque, gracias a la modalidad conocida como secuestro express, traída al país por una banda liderada por un hombre de origen mexicano, es posible obtener en un solo día alrededor de 10 millones de bolívares”.

Hoy en día la cantidad de delitos de esta índole es imposible de determinar. “Las cifras son negras”, dice Gorriño, “porque muchos secuestros no son denunciados. La mayoría prefiere negociar directamente con los delincuentes sin acudir a las autoridades”.

Tal como ocurrió con Ramón González, por miedo y desconfianza hacia los organismos policiales y militares del país, las personas no denuncian. Ramón nunca supo si sus secuestradores eran o no en realidad personas pertenecientes a la milicia, pero lo que sí supo es que llevaban uniforme de camuflaje y un arma de guerra para vender.

Gorriño afirma que el secuestro es tan lucrativo que una de las principales fuentes de ingreso de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, es el secuestro y la extorsión. Los paramilitares colombianos llevan a cabo la esto último haciéndoles pagar un llamado “impuesto revolucionario” a los comerciantes.

En el 2001 se creó en Venezuela la Ley Anti Extorsión y Secuestro en vista de que no existía un reglamento que penalizara a los delincuentes. Una de las cosas que se plantean en esta normativa es el congelamiento de bienes de los secuestrados para que éstos se conviertan en personas “no secuestrables” y que de esa manera disminuya el acto delictivo.

“Pienso que en algún momento disminuirá el secuestro”, opina el diputado Fahd El Gatrif, presidente de la Subcomisión de Fronteras, encargada de la creación del reglamento mencionado. Sin embargo, de acuerdo a Gorriño existe una falsa concepción al pensar que tan sólo por el hecho de haber creado una ley, el delito decrecerá. “Lo importante es cumplirla”, dice el Criminólogo, “que el Estado sea garante de la normativa, que se investigue y que el juez sancione”.

Tratamiento para el negocio

El secuestro produce estrés y puede que, de acuerdo al psicólogo Juan Carlos Carreño, “la persona constantemente recuerde la situación que vivió sueñe con ella, evite los lugares asociados al incidente y presente dificultades para retomar su vida normal”. No siempre un secuestrado va a presentar estrés postraumático porque cada quien tiene un mecanismo de angustia corporal diferente y su respuesta ante situaciones extremas va a depender de aspectos como sensibilidad, su cuerpo, familia, experiencias, etc.

Durante cautiverios más largos, el secuestrado puede desarrollar el Síndrome de Estocolmo, que se da cuando, entre la víctima y el antisocial, se genera una relación y entendimiento.

Para todo lo anteriormente mencionado existen tratamientos tanto patológicos como conductuales, pero el negocio del siglo, causante de muchos de estos traumas, parece no poseer un medicamento efectivo ni siquiera en un mediano plazo.

Powered by WordPress | Theme: Motion by 85ideas.